El joven seguidor, al que le tocaba ese día presidir la oración, leyó para la meditación el texto del evangelio en que Jesús nos invita a "amar al prójimo como a nosotros mimos". Mientras desayunaban, el Anacoreta comentó:
- La mayoría de los comentarios que oigo o leo sobre amar al prójimo como a nosotros mismos, suelen referirse a que el otro tiene nuestros mismos derechos, y que debemos desear para él lo mismo que deseamos para nosotros. Yo creo que la frase es mucho más profunda. Amar al otro como a nosotros mismos es amarlo como formando parte de nosotros mismos. Es amarlo buscando la unidad, considerándolo parte de nuestro mismo ser.
Sonrió diciendo:
- Se lo oí comentar así a Raimon Panikkar y no lo he olvidado nunca más.
El Anacoreta se dirigió a su joven seguidor con un libro en la mano y le dijo:
- Escucha lo que Enzo Bianchi escribió a los jóvenes:
"Realizar la vocación de ser hombres vale para creyentes y no creyentes; no hay tareas diversas, hay una sola tarea: llegar a ser hombres, hacer de la propia vida humana una obra maestra...La existencia cristiana no se añade desde arriba a la existencia humana que viene de abajo; se funde con la humanidad en una única vida, sin divisiones ni separaciones. Eso sí, el modelo es Jesús que vive para los otros y se hace cordero en medio de los lobos."
Miró a los ojos del joven y concluyó:
- Si todos lucháramos honestamente por ser verdaderos hombres, en el mundo habría menos divisiones y reinaría la paz.
Un fariseo invitó a
Jesús a comer, y Jesús fue a su casa. Estaba sentado a la mesa,cuando una mujer de mala fama que vivía
en el mismo pueblo y que supo que Jesús había ido a comer a casa del fariseo,
llegó con un frasco de alabastro lleno de perfume.Llorando, se puso junto a los pies de Jesús y comenzó a bañarlos con sus lágrimas. Luego los secó con sus
cabellos, los besó y derramó sobre ellos el perfume.Al
ver esto, el fariseo que había invitado a Jesús pensó: “Si este hombre fuera
verdaderamente un profeta se daría cuenta de quién y qué clase de mujer es esta
pecadora que le está tocando.”Entonces Jesús dijo al
fariseo:
– Simón, tengo algo que decirte.
– Dímelo, Maestro – contestó el fariseo.
Jesús siguió:
– Dos hombres debían dinero a un prestamista. Uno le debía
quinientos denarios, y el otro cincuenta:pero, como no le podían pagar, el prestamista perdonó la deuda
a los dos. Ahora dime: ¿cuál de ellos le amará más?
Simón le contestó:
– Me parece que aquel a quien más perdonó.
Jesús le dijo:
– Tienes razón.
Y volviéndose a la mujer, dijo a Simón:
– ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los
pies; en cambio, esta mujer me ha bañado los pies con lágrimas y los ha secado
con sus cabellos.No me besaste, pero ella, desde que
entré, no ha dejado de besarme los pies.No derramaste
aceite sobre mi cabeza, pero ella ha derramado perfume sobre mis pies. Por esto te digo que sus muchos
pecados le son perdonados, porque amó mucho; pero aquel a quien poco se perdona,
poco amor manifiesta.
Luego dijo a la mujer:
– Tus pecados te son perdonados.
Los otros invitados que estaban allí
comenzaron a preguntarse:
– ¿Quién es este que hasta perdona pecados?
Pero Jesús añadió, dirigiéndose a la mujer:
– Por tu fe has sido salvada. Vete tranquila.
Mujeres que ayudaban a Jesús
Después de esto, Jesús anduvo por muchos
pueblos y aldeas proclamando y anunciando el reino de Dios. Le acompañaban los
doce apóstolesy algunas mujeres que él había librado de espíritus malignos y enfermedades. Entre ellas estaba
María, la llamada Magdalena, de la que habían salido
siete demonios; también Juana, esposa de Cuza, el
administrador de Herodes, y Susana, y otras muchas que
los ayudaban con lo que tenían."
Jesús nos da hoy una gran lección: el amor está por encima de todo.
El fariseo se horroriza. Primero, porque una mujer está besando y perfumando los pies de Jesús. Segundo, porque esa mujer es una pecadora y Jesús, al dejarse tocar por ella, está siendo impuro.
Jesús nos pone frente a frente a una pecadora y a un fariseo cumplidor estricto de la ley. Y Jesús se decanta por la pecadora, porque ama más. Como otras veces, nos dice que el amor está por encima de la ley. Hoy, además, iguala Fe y Amor. Nos dice que sus pecados le son perdonados, porque ama más. Y luego a ella le dice que su Fe la ha salvado. Porque ciertamente la Fe no radica en el cumplimiento de unas normas, ni siquiera en la creencia de unos dogmas, sino en el Amor. El fariseo Simón ve en lo que hace la mujer solamente la transgresión de unas leyes, una impureza. Jesús ve en sus lágrimas, sus besos y su perfume, el amor de quien se siente agradecido, porque se sabe perdonado.
Nosotros apartamos a la gente de Dios, excomulgamos. Jesús abre los brazos a todos y sabe ver el amor que hay en el fondo del corazón de cada persona. ¿Cuál es nuestra actitud ante los homosexuales o los divorciados, por ejemplo? Desgraciadamente creo que juzgamos y condenamos.
Jesús no sólo acepta a aquella mujer, sino que, después, nos dice el evangelio, que le seguía como discípula. Posiblemente es la Magdalena que encontramos al pie de la cruz. Nosotros, los puros, lo abandonamos a primeras de cambio en el Huerto de los Olivos...
- Todas las personas buscan desarrollar su yo. El problema está en que no sabemos lo que es el verdadero yo o no acertamos con el camino para desarrollarlo.
Miró a su joven seguidor y prosiguió:
- Nos cuesta mucho descubrir que el auténtico yo es un "nosotros". Ciertamente hemos de buscarlo en nuestro interior, pero sólo lo encontramos cuando matamos el egoísmo y vemos nuestro yo personal sustentado por los demás. En ese yo personal-comunitario es donde está el conocimiento de Dios y de todo lo que existe. En ese yo personal-comunitario está la Persona divina, origen de todo ser.
- No sólo hay que perdonar, sino desear el bien. Cuando perdonamos, damos la razón al amor.
El joven seguidor objetó:
- Sí, pero si ya es difícil perdonar a quien nos ha hecho daño, mucho más es desearle bien. Lo que queremos es que se haga justicia y que pague por lo que ha hecho.
Guardó el anciano unos momentos de silencio y añadió:
- Pues no sólo hemos de perdonar, sino desear el bien a nuestros enemigos. Los pueblos que mantienen la pena de muerte, simplemente no perdonan. Y la justicia nunca debe ser una venganza. Ha de buscar redimir al culpable, rehabilitarlo para la sociedad. Desgraciadamente confundimos justicia con venganza. Cuando la justicia es una injusticia, lo que hacemos es abrir el camino a muchas más.
Miró al joven con benevolencia y concluyó:
- Ya sé que esto es difícil para nosotros, pero es un fin al que debemos tender. Debemos seguir el camino del perdón y del deseo del bien a todos...